Queridos Amigos:

Son casi cien años los que nuestra firma lleva convirtiendo cada día en ocasión especial para transmitir alegría, cariño y felicidad a las miles de personas que nos han encomendado tan importante labor y a esas otras que han tenido la gran suerte de vivir unidos a aquellos que confiaron en nosotros.

Hoy tenemos que seguir demostrando al mundo que las nuevas tecnologías no deben suponer un abandono de las relaciones interpersonales, sino que tienen que ser instrumento de un mayor acercamiento entre todos aquellos que se alegran y sufren con los demás.

Queremos comprometernos firmemente con los que saben que la distancia física no es obstáculo cuando tenemos algo importante que decirnos, sobre todo cuando ese algo no requiere tanto de palabras como de gestos cargados de humanidad. 

             Afectuosamente, Amanda





Amanda, por antomasia, sin más apellidos ni precisiones, es en Valencia, en España y en el mundo, sinónimo de flor, referencia inapelable de un comercio diferente, conocido y visitado por varias generaciones de ciudadanos, desde hace más de sesenta años. Tercera de las mujeres que lo han regido y que han llevado tan poético nombre es Amanda Jiménez, aunque para distinguirla de sus antecesoras, todo el mundo la llamó desde niña-y la siguen llamando-con un gracioso diminutivo que suena a novela hispano-americana: “Amandita”.

Abolengo

La historia viene de lejos. Se remonta al desaparecido Jardín del Santísimo que en la literatura popular aparece como “uno de los encantos del mes de mayo en Valencia en el último tercio del siglo XIX”. Situado junto al famoso (hoy también inexistente) palacio de la condesa de Ripalda, era un extenso campo con una parte que se utilizó como sala de patinaje y como teatro de verano, y otra en la que se cosechaban flores, y de donde salían las rosas, los claveles, las violetas a montones, para venderlas o expedirlas a Madrid y Barcelona.


El ayer y hoy de una gran firma mundial arraigada a su tierra. Amanda tras seleccionar las mejores flores.

Valencia en Fallas, ofrenda a la Virgen. Una vivencia popular con visión universal.

Pues bien: Aquel Jardín del Santísimo perteneció a los antepasados maternos de Amandita. Allí acudía, además de la juventud dorada de hace un siglo, una buena representación de artistas y literatos de la época, entre ellos Joaquin Sorolla.

Aquella abuela de Amandita, que era hija de italiano, se llamaba Amanda Stivi, quien fundó, en 1934, la tienda marcada con un sonoro nombre: “Flores Amanda”. Han pasado 66 años, y ahí sigue, en la calle de Lauria, testigo y protagonista de ese largo periodo del acontecer ciudadano.

La tienda es un aromático reducto de paz. En las mesas de mármol reposan, a distinatas alturas, hermosos centros de flor. La luz pálida que viene de la calle aquí dentro se multiplica en reflejos cromáticos. Margaritas de insólito color malva, campanillas azules, caléndulas, anémonas, gladiolos, gorberas, iris, rosas, orquídeas sofosticadas y las exóticas “strelitzias” o “aves del Paraíso”,  la flor/pájaro, emblemática de las Islas Canarias... Se anuncia mayo, el mes de las flores, en un abril que no se queda corto.

 Amanda Galán fue su hija y sucesora; tan comunicativa y activa hasta bien poco antes de su muerte en 1995. Su hija, y nieta de la fundadora, es Amandita.

La Basílica de la Virgen de los desamparados, a quien tanto afecto profesa en todos los Valencianos.


Ramo de novia de S.A.R. Irene de Holanda.


Formación

Cuando Amanda Jiménez salió del colegio, concluido el bachiller hizo artes y decoración en la antigua Escuela de Artes y Oficios.

 Dibujo pintura y escultura son sus amigos desde entonces. Después estuvo un año en Kingstone, junto a Londres, en un colegio de la Institución Teresiana. Y a la vuelta se dedicó por entero al negocio. Le atraía con un encanto especial. Su tía, Amparito Galán, es el firme lazo de unión entre pasado y presente.

En la década de los 80 hizo cursos de ampliación en Alemania, Italia y en Japón.

Por sus recuerdos personales desfilan el ramo de azahar, flor del naranjo, que se envió para la boda de Fabiola de Mora con el rey Balduino de Bélgica, la visita de Grace Kelly a quien se mandaron muchas flores, al Emperador de Etipopía, Haile Selassie, los adornos especiales para grandes acontecimientos, en la Lonja, en Capitanía, en El Puig cuando vinieron los Reyes la primera vez y los bautizos de sus cinco nietos.
El huerto del Santísimo, en sus orígenes,
al más puro estilo "far west"


París, cuna del Romanticismo,
también amaneció entre nuestras flores.
Valencia es cuna de buenos floristas y de cultivadores expertos, pero Amanda fue pionera en la comercialización directa de la flor, tal como hoy la entendemos.
La Navidad, época de paz y armonía, donde el arte floral sabe transformarse para contribuir a la unión de las naciones.
La Familia Real española ha confiado tradicionalmente en nuestra profesionalidad. En los últimos años hemos tenido la oportunidad de decorar los bautizos de los nietos de Don Juan Carlos y Doña Sofía.



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